Lipoplastia de Alta Definición: La Guía Completa
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La reciente noticia sobre el estado de salud del icónico cantante Palito Ortega, quien fue diagnosticado con herpes zóster facial, ha puesto sobre la mesa una enfermedad que, aunque común, es poco comprendida en sus posibles consecuencias a largo plazo. Más allá del dolor agudo y las molestas ampollas, cuando este virus ataca los nervios del rostro, puede dejar secuelas estéticas y funcionales que afectan profundamente la calidad de vida del paciente. Es en este punto donde la cirugía plástica y reconstructiva emerge como una disciplina clave para restaurar no solo la apariencia, sino también la confianza y el bienestar de la persona afectada.
El herpes zóster, popularmente conocido como culebrilla, es una reactivación del virus de la varicela-zóster, el mismo que causa la varicela en la infancia. Después de que una persona se recupera de la varicela, el virus no desaparece del cuerpo, sino que permanece latente en los ganglios nerviosos. Años o décadas después, debido a una baja en el sistema inmunológico, estrés o el simple envejecimiento, el virus puede “despertar” y viajar a lo largo de un nervio hasta la piel, causando una erupción dolorosa y con ampollas en el área que ese nervio controla.

Cuando el nervio afectado es uno de los que inervan el rostro, como el nervio trigémino o el nervio facial, la situación se vuelve particularmente delicada. El rostro no solo es nuestra carta de presentación, sino que también alberga estructuras complejas responsables de la visión, la expresión y la alimentación. La inflamación de estos nervios puede derivar en complicaciones severas que van más allá de la piel.
Una vez que la fase aguda de la infección ha pasado y las ampollas han sanado, algunos pacientes se enfrentan a un nuevo conjunto de desafíos. Estas secuelas, o consecuencias a largo plazo, son el campo de acción del cirujano plástico. Las más comunes incluyen:
La cirugía plástica no interviene en la fase aguda de la infección, la cual debe ser manejada por médicos clínicos, dermatólogos o infectólogos con antivirales y analgésicos. El cirujano plástico entra en escena una vez que el proceso infeccioso ha concluido y las secuelas se han estabilizado, generalmente después de 6 a 12 meses.
El objetivo es doble: restaurar la función y mejorar la estética. Las opciones de tratamiento son variadas y se personalizan para cada paciente.

| Secuela | Tratamientos No Quirúrgicos | Tratamientos Quirúrgicos |
|---|---|---|
| Cicatrices y Textura | Láser fraccionado (CO2, Erbium), peelings químicos, microneedling, rellenos de ácido hialurónico para cicatrices atróficas. | Revisión quirúrgica de cicatrices (extirpar la cicatriz y suturar de nuevo), dermoabrasión. |
| Pérdida de Volumen | Rellenos dérmicos (ácido hialurónico, hidroxiapatita cálcica), bioestimuladores de colágeno. | Lipotransferencia o injerto de grasa autóloga (usar la propia grasa del paciente para rellenar). |
| Parálisis Facial | Toxina botulínica (para tratar sincinesias o equilibrar el lado sano), fisioterapia especializada. | Procedimientos estáticos (slings para elevar la comisura) o dinámicos (transferencias nerviosas o musculares para devolver el movimiento). |
| Cambios de Pigmentación | Cremas despigmentantes, luz pulsada intensa (IPL), peelings específicos. | Generalmente no requiere cirugía, pero puede combinarse con otros procedimientos quirúrgicos de rejuvenecimiento. |
El tratamiento de la parálisis facial post-herpética es uno de los mayores desafíos. Las técnicas de microcirugía reconstructiva han avanzado enormemente. En casos donde el nervio está dañado de forma irreversible, se pueden realizar transferencias nerviosas (conectando un nervio sano a los músculos paralizados) o incluso transferencias de músculos de otras partes del cuerpo (como la pierna) al rostro para restaurar la capacidad de sonreír. Estos procedimientos son complejos y requieren de un cirujano con alta especialización en parálisis facial.
Para las cicatrices y la calidad de la piel, la tecnología láser ha revolucionado los resultados. El láser de CO2 fraccionado, por ejemplo, puede mejorar significativamente la textura y la apariencia de las cicatrices al estimular la producción de nuevo colágeno. La lipotransferencia, por su parte, no solo aporta volumen sino que las células madre presentes en la grasa mejoran la calidad y vitalidad de la piel suprayacente.
En conclusión, el caso de Palito Ortega nos recuerda la seriedad del herpes zóster, especialmente en su manifestación facial. Si bien la fase aguda requiere atención médica inmediata, es crucial saber que para las secuelas que puedan quedar, la cirugía plástica reconstructiva ofrece un arsenal de soluciones efectivas. Desde mejorar una cicatriz hasta reconstruir una sonrisa, el objetivo final es devolver la armonía, la función y, en definitiva, la calidad de vida que esta enfermedad puede llegar a arrebatar.
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